Cuenca, una de las joyas andinas que esconde América Latina, recibió al Rey Felipe VI con muchas ganas de confirmar su famosa hospitalidad. Todo fueron atenciones y parabienes para el monarca español, quien visitó la escuela de fútbol de la Junta de Beneficencia en el campo de La Gloria.
El Rey, que es colchonero, comprobó de primera mano que su equipo, el Atlético de Madrid, también cuida a los niños ecuatorianos con fútbol, lo que más les gusta. Incluso no dudó en dar unos toques al balón ante la algarabía de los pequeños presentes.
Mucho calor humano en medio de la soledad política de la XXIX Cumbre Iberoamericana: por tercera vez en 29 ediciones el presidente del gobierno español no acompañó al rey en una cita realizada siempre bajo paraguas español. Felipe González y José María Aznar no fallaron nunca, aunque José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy sí estuvieron ausentes en dos cumbres. Pero tampoco ningún presidente de la región, salvo el anfitrión, apareció por Cuenca.
La espantada de Pedro Sánchez, que ha aducido la necesidad de estar presente en España ante la llegada de una nueva Dana pese a haber viajado el martes a la cumbre del clima en Bakú, tiene un evidente peso sobre el cónclave iberoamericano: la tradición marca que desde Moncloa, teléfono en mano, se animaba a última hora a los mandatarios más “indecisos” para que finalmente acudieran al encuentro. Además, España recibirá el testigo de Ecuador como anfitriona de la siguiente cumbre, prevista para 2026.
“Solo la visita del Rey de España hace relevante la Cumbre”, aseguró para EL MUNDO el internacionalista Michel Levi, coordinador del Centro Andino de Estudios Internacionales. “La verdad es que en Ecuador no se vive mucho, por culpa de los cortes de energía eléctrica, los problemas con la Vicepresidencia (la sustitución de Verónica Abad, enfrentada con Noboa desde las mismas elecciones), un nuevo incidente en la prisión (una masacre con 15 muertos en un penal de Guayaquil), me parece que es un tema de segundo plano”, certificó Levi, sabedor de que la Cumbre de Cuenca ha reunido a “importantes responsables de Mecanismos de Cooperación, pero no a los presidentes, que son los decisores de alto nivel”.
Un cónclave sin duda devaluado sobre el que ya pende la sombra del fracaso, según recogían ayer distintos medios ecuatorianos. “En la práctica se ha convertido en una cumbre iberoecuatoriana, porque no ha venido casi ningún presidente latinoamericano y sí mandatarios de Portugal y Andorra, además del rey. Ha sido doloroso para todos porque la ciudad se preparó mucho, las autoridades locales, los empresarios, los gremios y las universidades. La ciudad en sí. Y aunque el encuentro empresarial ha sido positivo, de primer nivel, se ha debilitado en lo político ante la ausencia de los presidentes”, confesó a EL MUNDO Matas Abad, ex gobernador de Azuay, provincia cuya capital es Cuenca.
La ciudad andina pasará a la historia pequeña de las grandes citas como la que menos presidentes ha atraído, menos de la mitad que la segunda por la cola. Nadie más al margen de los ibéricos y del polémico anfitrión, Daniel Noboa. Ni siquiera el dominicano Luis Abinader, cuyo país fue sede el año pasado, descolgado a última hora. En aquella ocasión, Santo Domingo congregó a 15 presidentes, incluidos varios del bloque izquierdista que se ha hecho el remolón en más de una ocasión previa.
En la ciudad caribeña estuvieron presentes el argentino Alberto Fernández, el chileno Gabriel Boric, el boliviano Luis Arce, el colombiano Gustavo Petro, el cubano Miguel Díaz-Canel y la hondureña Xiomara Castro, además del Rey y de Pedro Sánchez.
A la postre, el gran perdedor de la Cumbre es su anfitrión, Daniel Noboa, cuyas malas relaciones internacionales han espantado a sus colegas de la región. Hasta la fecha no favoreció, días antes de la reunión en Brasil del G-20 y de la cumbre del clima en Azerbaiyán.
El pulso diplomático tras el asalto a la embajada azteca en Quito no solo desanimó a la mexicana Claudia Sheinbaum, quien consiguió la solidaridad de otros mandatarios de izquierdas, como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Honduras e “incluso Brasil -según Matas Abad- que creo no vino por el mismo motivo, por no legitimar lo actuado por Ecuador” en la detención por la fuerza del ex vicepresidente revolucionario Jorge Glas, un político corrupto con dos condenas sobre sus hombros.
Otros que dudaban, como Petro, al final desistieron por motivos coyunturales, como las inundaciones. “Y hay otro grupo de incómodos con las declaraciones de Noboa a la revista New Yorker, como Bukele, a quien acusó de estar aprovechándose económicamente del cargo y también su familia, más allá de que le llamó vanidoso. Al argentino Javier Milei le señaló que se vanagloriaba de no haber hecho nada y dijo que era un tópico argentino. Y el presidente de Paraguay (anunciado hasta hace unas horas) quien adujo cierta inestabilidad en el país en relación al atropello antidemocrático contra la vicepresidenta Verónica Abad”, remachó Matas Abad.
Más allá de la espantada de Sánchez y de la guerra cruzada entre presidentes de la región, lo que subyace es que ese sueño integrador de la Patria Grande, por la que tanto porfi Hugo Chávez para beneficiarse, es hoy lo más parecido a una pesadilla. “Un sueño tan legítimo, añorado y tan útil para la región, una integración comercial, económica y en temas migratorios, lamentablemente hoy es un rotundo fracaso porque quienes pretendieron implementar la Patria Grande no lo hacían para beneficio de la gente, sino con el objetivo de eternizarse en el poder. Al fracasar esos proyectos, también fracasa la idea de la integración porque se la apropiaron”, destacó para este periódico el analista Miguel Velarde.














